Nota sobresaliente.

PREFACIO

Imagen
                                                      En contra de mi voluntad, me vi obligado a renunciar a ser un amante de los producto de técnica que me ofrecía este mundo. Luego de perder el control de aquellos artefacto que eran mi ventana al mundo sentí una inmensa soledad envenenando mi conciencia, mis máximas interacciones con los que me rodeaban eran mínimas, ya que estos seguían alagando lo que en algún tiempo requisaba. Con soledad, falsas nociones y estímulos en mi mente, comencé a escuchar voces que me preguntaban ¿Que vas a hacer ahora? ¿Por donde caminas?. Es crucial mencionar que en los días previos aparte de ser un pésimo estudiante con lo que respecta a esta sociedad, fui vaporoso y ciegamente infeliz. Así con lo que me quedaba de juicio exprese mis ideas con tinta y hoja, debo decir que fue un acto noble en cual estaré ...

E.E.D.L.C. N°1






Hay veces que la palabra y todos sus amigos del bosque nos dejan dando vuelta con sus acertijos de entrada. ¿Qué es inmenso, poderoso, abstracto… y lujurioso? Como muchos otros respirantes del mismo hilo, admito que mis ojos están entrenados para mirar, pero no para ver ni menos observar, aquello que el respirante llama abstracto hace que lagrimé sangre con los puños rencorosos por la brisa de nadie, y más de una vez, son estos acertijos o voz e voces lo que me están pudriendo lo que me queda de mente y coraza. ¿He aquí en donde  prestaré mi cantare para las malezas de los arboles? Si estás aquí es porque has seguido mi voz, o por lo menos eres otro respirante de ojos goteantes o quizá algún sibarita de pluma dorada que viene a fijarse en mis pasos y prestarle luz y lupa a las huellas de este caminante sosiego cansado de la esplendor que tanto presume la gran puerta que me divide del glande hasta el cuello. Pero de seguro no eres nadie, por lo cual no mencionare más trivialidades o yo que sé que otras cosas departen la gran arboleda. En mi caso trato y trataré de entrar por la vereda gris intacta de hojas y respirante caídos, lo que me lleva a seguir parloteando con un pedazo de cartón de una hoja arrancada en la hoguera del delirio grisáceo… la verdad es que no lo sé. Maldita sea, las cosas siguen sin presentarse por sus colores, las letras tanto como las mías decaen en la resaca de la nada.    

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PREFACIO

El niño que reventó el suelo cayendo de cabeza

Tres duendes de tres centímetros